Vivimos en un período en el que la palabra crisis parece adquirir
tintes dramáticos en el desarrollo de la economía global/local y
empresarial/personal, y en las repercusiones que estas
circunstancias generan en las experiencias personales.
Esta situación parece afectar, aunque nunca es realmente así, al
conjunto de la sociedad, propiciando un estado de estancamiento e
incluso retroceso de la evolución económica a diversa escala.
Diferentes sectores empresariales apresuran a reestructurar sus
estrategias, utilizando argumentos que tapan, muchas veces, la
realidad de sus objetivos y repercusiones directas para los
empleados y la sociedad. Estos empleados, a su vez, se ven inmersos
en un círculo que se retroalimenta y hace más grande, a medida que
la espiral va alcanzando a otros niveles (entorno familiar directo,
lejano, localidad a nivel muy local, zonal, regional, estatal,
continental y global).
Esta es la realidad que nos presentan de forma muy elaborada y
educativa, en la que se deduce que la salida viene determinada por
las acciones directas e indirectas de las cúspides de poder
empresarial, actuando como aspiradora de las malas gestiones, a
través de una espiral inversa. Esto presupone que: 1) este marco
descriptivo es la realidad que afecta de manera conjunta y
equitativa a la sociedad como un todo; 2) la situación
socio-económica de cada uno de nosotros viene determinada por este
mismo marco; y 3) la única solución posible es la actuación
unilateral de estos círculos de poder.
No obstante, estas presunciones son inexactas y, en muchos casos,
mentiras que hacen que cedamos nuestros derechos y
responsabilidades en el transcurso de los acontecimientos. En
primer lugar, porque la realidad representada no lo es, más que
para un grupo más o menos grande de personas, mientras que otros se
ven beneficiados por las circunstancias. De esta forma, podemos
decir que la crisis (económica) global, supone unas ventajas que
saben aprovechar determinadas asociaciones que incrementan sus
beneficios y/o utilizan la situación para posicionarse dentro de un
mercado siempre competitivo. En segundo lugar, porque la presunción
de que nuestras vidas están determinadas por un o unos
super-poderes es del todo falsa. Es verdad que existen muchos
condicionantes que influyen en la vida de cada uno de nosotros, sin
embargo siempre hay la posibilidad de luchar racionalmente (de
forma individual y colectiva) para positivar las realidades que nos
envuelven. Y, en tercer lugar, porque cada individuo tiene la
posibilidad de cambiar pequeños aspectos (a través de la
formulación de nuevas teorías conceptuales y la actuación) que,
influirán en la creación de un feedback positivo para la mejora de
grupos de la sociedad a distintos niveles.
Creemos que el Arte es una pieza fundamental para la creación de
nuevas ideas, planteamientos y actuaciones que generen una mejora
de las sociedades de manera equitativa y a escala más humana. Y es
por ello que, bajo el nombre de Homo Ars, nos constituimos como
grupo artístico, presentándonos con la siguiente declaración, que
resume nuestra idea de Arte y función del mismo.
1. Defendemos la idea de Arte como esa manifestación de la
actividad humana que, expresada bajo la subjetividad (individual o
colectiva) de la visión que da la experiencia, interpreta
realidades o ficciones a través de recursos plásticos, lingüísticos
o sonoros.
2. Proclamamos la potencialidad artística que posee cada una de las
personas cuya capacidad mental y corporal se lo permite. Todos
somos artistas.
3. Rechazamos la instrumentalización decorativa del Arte como
función única o principal.
4. Queremos borrar la errónea asociación del concepto Arte, con la
de su función mercantil. El mercado del arte (un sector que nunca
ha estado en crisis) está supeditado y definido por toda la
relación de transacciones que tienen lugar con un único fin
lucrativo.
5. Aunque valoramos como positiva la existencia de salas privadas
en la que exponer los trabajos artísticos, rechazamos las mismas
como instrumentos al servicio de un mercado especulativo del
arte.
6. Defendemos la idea de subjetividad del arte y el artista, así
como la proclamación de la obra como tal, como única opción posible
para hacer frente a la concepción de un mundo homogeneizado y
homogéneo.
7. De esta forma, toda obra artística debe estar fundamentada en la
experiencia y con una postura filosófica de la que tiene que
responsabilizarse el autor.
8. Defendemos la función social del arte. El arte debería estar
dedicado a la mejora de la calidad de vida de la sociedad
(entendida en sus diferentes escalas). El arte es para las
personas.
Juan Carril Márquez
Barcelona, a 8 de noviembre de 2008